Trujillo: : El desamparo informativo en plena era digital

El periodismo trujillano libra una ardua batalla para combatir la desinformación y contrarrestar la incertidumbre de los tiempos que corren. El nuevo paisaje mediático trujillano está signado por la pérdida progresiva de los medios tradicionales o convencionales, aderezados con una nutrida aparición de medios digitales o interactivos, que pese a su esfuerzo y empeño no logran aún reconquistar el rol de la prensa en la formación de la opinión pública del estado andino.

En Trujillo, tal vez por temas relacionados con nuestra marcada brecha digital, la centralidad de la prensa escrita marcó pauta en el debate de los asuntos públicos hasta hace un par de años, cuando la crisis del papel periódico acorraló a los dos grandes diarios de la región, Diario El tiempo y Diario de Los Andes, de 62 y 42 años respectivamente, a una forzada migración digital.

Como todo proceso que violenta el flujo normal de los cambios, el tránsito hacia la plataforma digital ha sido disímil, accidentado y heroico, pues se hicieron denodados esfuerzos por persistir en la presencia analógica del papel; como fue el caso de Diario de Los Andes, que en un primer intento pasó de diario a semanario y, a partir de febrero de este año, concretó su conversión digital en  múltiples plataformas.

DLA conservó su planta de redactores y hoy día cuenta con 13 periodistas y dos fotógrafos en Trujillo; así como dos redactores tanto en Mérida como Táchira.  Por su parte, Diario El Tiempo se despidió de sus lectores el 31 de julio de 2018, liquidó a buena parte de su plantel de periodistas e invitó a sus lectores a verse en las redes y en su portal.        

Al referirnos a la categoría de medios tradicionales en el estado Trujillo, cuesta incluir al circuito radial comercial dado su desdén por la actividad informativa, así como a la incipiente industria televisiva trujillana que a la fecha no ha consolidado un proyecto y lo que hoy en día sobrevive se dedica al entretenimiento y no a la información.

Este vacío informativo ha encontrado una rápida respuesta de múltiples emprendimientos digitales de diversa índole, entre los cuales es válido mencionar algunos casos exitosos como  Trujillo Zona Roja y Noticias Momoy, el primero, expresión del Periodismo Móvil desde la plataforma de Instagram y con la peculiaridad de trabajar solo noticias de la fuente policial;  y el segundo,  desde un modesto blog que refleja una intensa actividad informativa muy apreciada por los moradores del retirado municipio Boconó.                                        

Ya lo anunció Jeff Jarvis cuando dijo: el periodismo no morirá, la masividad sí. La prensa masiva es un fenómeno en extinción cuyo radio de acción ahora es competido y disputado por muchos medios pequeños que, desesperadamente, luchan por captar usuarios bajo cualquier concepto. Pareciera una simple alteración de orden sintáctico: medios masivos por masividad de medios.

Fake news ¿Home made?

Las fake news en Venezuela es un negocio que invierte más de quinientos millones de dólares al año, según un estudio de la Universidad de Oxford publicado en 2010. La existencia de estos laboratorios especializados en trabajar los odios y emociones básicas operan desde otras esferas, especialmente cercanas al poder.

Así lo confirman editores que están al frente de estos nuevos emprendimientos digitales trujillanos, a quienes se les consultó a los efectos de este trabajo. De sus apreciaciones destaca que el canal por excelencia de las fake news es la red de mensajería de texto, donde el WhatsApp  lidera; y no así los propios canales mediáticos.

La mayoría de los consultados manifiestan trabajar con contenidos propios elaborados con rigurosidad periodística, aun así reconocen haber sido víctimas de noticias de contenido falso en el repost de otros medios y agencias. Admiten haber instrumentado protocolos para evitar este vicio.

Como parte de esa misma consulta se detectaron otros hallazgos interesantes, tales como que la monetización de esos canales no es precisamente exitosa y que los mismos son en su mayoría proyectos de reciente data (el más antiguo cuenta con tres años).

Esta nueva reconfiguración mediática le resta presencia y centralidad a la prensa seria, ética y responsable en el libre intercambio de ideas,  propio y necesario en un régimen democrático, a la vez que crea el caldo de cultivo ideal para que reine la desinformación.

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