En Petare reina la desinformación

Un blackout informativo impera en Petare. La desinformación acecha en cada rincón. Censura, falta de internet o de electricidad son los primeros obstáculos. Después están las redes sociales que parecen una alternativa hasta que surgen los rumores y las fake news. En medio de esa incertidumbre, los jóvenes petareños se esfuerzan para poder informarse.

Foto: Jesús Piñero

Eiverson bajó corriendo las escaleras y abrió la puerta de la casa de su abuela. Lo que había leído en Twitter era la mejor noticia en varios días:

—¡Directv volvió, enchufa el decodificador!

Pero la señora Elisa, negada a otra posible desilusión, no le hizo caso. Ni siquiera dejó que le tocaran el aparato. Estaba resignada. Cuando el 19 de mayo la empresa AT&T cesó sus operaciones en Venezuela, ella se descompensó. Los programas de cocina eran su única distracción en medio del caos. Dos semanas después, una vecina le prestó un viejo decodificador TDA con el que sintoniza un único canal porque teme cambiarlo y no hallar la cobertura de nuevo. En Petare no hay internet y las señales fallan con recurrencia. Netflix y otras plataformas streaming son casi inexistentes.

Conatel estimó, hasta el segundo trimestre de 2019, que Directv lideraba el mercado con 45,32% de participación (alrededor de 1.993.789 suscriptores), seguido por Intercable (13,79%) y Cantv (12,05%). Otros cableoperadores manejaban 28,85% restante del mercado en conjunto. 

Evelyn González, presidenta de la Cámara Venezolana de Televisión por Suscripción (Cavetesu), precisó para un medio de información que la penetración de televisión por suscripción alcanza 65% de hogares en el país (7 millones de familias), según el último censo de población. Aclaró  que el prestador de servicio más grande era Directv. “Hay muchos cableoperadores distribuidos en todo el país, sobre todo en el interior, pero sin la misma penetración”, destacó. 

El nieto de Elisa no se equivocaba. En Twitter la información circulaba desde hacía varias horas. Unos cuantos tuits anunciaban el regreso inesperado de la compañía de televisión por suscripción. Así se mantuvo hasta las 2:56 pm, cuando la cuenta oficial de Directv en América Latina le respondió a un usuario: “Lamentamos la confusión, esto no indica que el servicio este de vuelta. Por favor seguir la cuenta de @directvve en Twitter e Instagram donde próximamente se publicará información sobre las acciones que la compañía tomará respecto a quienes tenían una suscripción con Directv”. La desinformación parecía volver a hacer de las suyas en el reino de la incertidumbre, en el país donde no existen pruebas, pero tampoco dudas.

Sin poder convencer a su abuela, Eiverson siguió leyendo los rumores en Twitter. Las redes sociales constituyen el principal canal por el que la juventud de las zonas populares tiene acceso a la información. Un contacto que no necesariamente es informativo. Sin verificación de datos, las redes sociales son herramientas que desinforman, porque la gente habla de lo sagrado y de lo profano sin el menor cuidado. La falta de energía eléctrica, la carencia de internet y de señales telefónicas son los otros obstáculos para acceder a las noticias. La censura y las fake news también contribuyen. 

De acuerdo con una encuesta publicada por el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP) el 23 de julio, solo 34 % de los ciudadanos confirmó tener acceso al servicio de internet fijo en el hogar. Un servicio que en las circunstancias actuales de distanciamiento social se hace cada vez más necesario para el desarrollo de las actividades laborales y académicas. La salida de Directv agravó esa situación, pues, ahora, son muchos los televisores que permanecen apagados. Los jóvenes no ven televisión, prefieren revisar en internet lo que les interesa y, aquellos que no tienen teléfonos inteligentes, buscan cualquier distracción en casa o fuera de ella.

Residentes de petare observan una película desde el techo de una vivienda en el barrio josé félix ribas, caracas, venezuela. (Foto: EFE/ Rayner Pena R).

Areana Cantillo tiene 19 años y tras la salida de Directv ha tenido que buscar otras formas de mantenerse informada. “Antes veía noticias en algunos canales internacionales, para estar atenta con las noticias. Luego fue como un quiebre total. La única forma de estar en contexto es a través de las redes sociales. Es increíble cómo los memes han llegado a servir como herramientas de comunicación, ellos muestran lo que callan las noticias”. Asegura que también se informa gracias a sus amigos, quienes le cuentan los sucesos que se vuelven virales. “Aún así, es complicado estar al día por la falta de internet, y por las tarifas telefónicas que aumentan día a día”.

Aunque considera que WhatsApp es la aplicación más práctica y rápida para estar informados, no por eso es la más segura. Los estados de sus contactos la invitan a profundizar en la web porque siempre duda de la veracidad: “No la considero segura ni fiable, sólo te da una idea, además, existen muchas personas que envían notas de voz o cadenas falsas”. Elisa Díaz, de 17 años, opina lo mismo: “No es fiable porque pasan información falsa, después de que veo la noticia investigo por mi cuenta”. Un proceso de verificación que va desde el primer contacto con la supuesta noticia, pasando por las preguntas a sus familiares y amigos, hasta las reacciones en redes sociales.

“Sigo varias páginas que me informan lo que sucede en el país. Entre las que a mí me gustan está Playground, que me parece excelente porque me informa de casi todo a través de Instagram”, cuenta Díaz. Tanto ella como Cantillo viven el barrio José Félix Ribas de Petare, en las zonas 7 y 9 respectivamente. A pesar de que ambas esperan los resultados de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (Opsu) para iniciar en la educación superior, la desinformación las acompaña. Debido al confinamiento, carecen del apoyo de los profesores en los trámites. Sólo cuentan con sus padres.

Para la psicóloga clínica y social, Yorelis Acosta, el apoyo de los padres es fundamental frente a la desinformación. “Poder hablar, mostrar que el mundo va más allá de lo virtual, dar el ejemplo, tener libros en casa y la argumentación de temas diversos es muy importante”. De su experiencia como docente concluye que son realmente pocos los jóvenes que ponen atención en la actualidad porque al resto no le interesa. “Para ellos todo lo que tiene más de 5 años ya es viejo, no quieren leer sobre cosas contemporáneas. Se informan a través de memes y redes sociales, eso es un micromundo y no es representativo de lo que está sucediendo en macro”.

Acosta, quien también es investigadora y jefe del área de sociopolítica del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explica que la juventud es el grupo social que ha llevado el confinamiento social de manera más compleja. “Se vieron afectados emocionalmente porque estas situaciones limitaron sus rutinas, que son muy importantes para esos momentos de la vida, como compartir con sus amigos, y entender que ahora deben hacerlo a 80 o 100 metros de distancia cambia los esquemas por completo y hace que la situación sea difícil”. 

Al día siguiente, después de tanta incredulidad, la noticia se hizo oficial: la parrilla de Directv aparecía en los televisores porque los decodificadores habían recibido una actualización. La empresa Scale Capital había comprado las acciones de la operadora en el país. Luego aparecieron más certezas: la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) escribió: “Informamos que Directv a través de la empresa Scale Capital, restituyó la señal de televisión por suscripción. Dicha restitución cumple con las disposiciones legales dictadas por el @TSJ_Venezuela para la protección de sus usuarias y usuarios”. Juan Guaidó certificó la noticia horas más tarde. Nadie entendía lo que pasaba. La desinformación siempre reina en Petare.

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